El miedo a los insectos: Entendiendo nuestros miedos para ayudar a la conservación

Por Anahí Espíndola

A lo largo de los años, he participado en varias iniciativas que tienen como objetivo resumir y traducir nuestro conocimiento sobre los insectos, la biodiversidad y algunos de los servicios ecológicos que brindan, para que pueda ser entendido por los responsables políticos y el público en general, y así informar la toma de decisiones para ayudarnos a nosotros y a todos los otros organismos del planeta. La conclusión abrumadora de estos trabajos es que los insectos (y la biodiversidad en general) están disminuyendo a una velocidad muy rápida, con consecuencias muy negativas sobre nuestra capacidad de sobrevivir en un mundo futuro menos diverso. Sin embargo, a la hora de emprender estas actividades de traducción de conocimientos, hay un tema que vuelve una y otra vez: ¡la gente tiene miedo a los insectos (y a la vida silvestre, en general)! Entonces, ¿cómo promover la protección de algo que nos asusta y nos da asco? En este posteo, decidí embarcarme en una misión: ayudarnos a entender nuestros miedos para reconocer cómo pueden estar afectando nuestra capacidad de proteger el mundo natural, y así poder identificar lo que podemos hacer para cambiar esta tendencia. Siga leyendo; le prometo que no avergonzaré ni juzgaré a nadie 😉.

Los insectos (sólo los escarabajos se muestran en esta imagen) son el grupo más diverso y abundante de animales y desempeñan un papel central en el mantenimiento de los ecosistemas. Foto: Proyecto «Insectos Desbloqueados», Universidad de Texas en Austin.

La crisis de la biodiversidad: un problema real con consecuencias reales

Hoy en día tenemos pruebas claras de que estamos perdiendo biodiversidad a una velocidad espeluznante. Esto es cierto para muchos grupos de organismos, pero hoy quiero centrarme en uno en particular: los insectos. ¿Por qué? Los insectos son el grupo más diverso y abundante de animales y, como tales, están profundamente integrados en el funcionamiento del mundo natural. Esta diversidad y abundancia convierten a los insectos en especies de arquitectos y conserjes de los ecosistemas. Polinizan, se alimentan de otros organismos, degradan la materia orgánica y ponen nutrientes a disposición de otros para que los consuman, dispersan semillas y mucho más. Más allá de la importancia de todo esto para todos los organismos, estas funciones en particular son fundamentales para permitirnos producir alimentos, mantener la calidad y el equilibrio de nuestros suelos, sustentar ecosistemas complejos y controlar naturalmente a las plagas. Sin embargo, la promoción de la protección de los insectos a menudo se enfrenta a un gran desafío: poco interés y compromiso dado al miedo o al asco que generan los insectos.

Miedo a los insectos: un encuentro entre los humanos y nuestro mundo natural

El miedo y el asco a los insectos es un sentimiento muy extendido, especialmente en países ricos y sociedades urbanizadas. Aunque se entiende que la presencia de miedo o asco suele desarrollarse como un sistema de protección frente a peligros potenciales (¡y hay algunos insectos de los que debemos tener cuidado!), el grado en que el miedo a los insectos está presente va más allá de lo que se necesitaría para protegernos adecuadamente de un peligro potencial… Y esto está empezando a tener un impacto en nuestra capacidad (y voluntad) de proteger esta importante parte de la biodiversidad. ¿Cómo funciona ésto?

La gente ha estado estudiando el miedo a los insectos durante bastante tiempo y sus hallazgos son realmente interesantes (puede algunos artículos interesantes al respecto – en inglés –aquí y aquí). Por ejemplo, los investigadores creen que este miedo extremo a los insectos puede haber evolucionado como una especie de «alarma de humo» (un tipo de alarma fuerte pero muy inespecífica). De hecho, hay razones para tener respeto a ciertos insectos, ya que algunos pueden provocar mordeduras/picaduras dolorosas y potencialmente mortales, o pueden transmitir enfermedades. Por lo tanto, la presencia del miedo contra esos insectos tiene razón de ser, porque conducen a la protección de nuestra salud. Sin embargo, hay que encontrar un equilibrio entre responder a un peligro real (por ejemplo, golpear un nido de avispas) o a uno inexistente (por ejemplo, encontrarse con una polilla). Debido a que el costo de responder a un peligro inexistente no es muy alto en este caso (como para una «alarma de humo»), una respuesta extrema a cualquier insecto puede simplemente aparecer y propagarse a través de las poblaciones humanas. En este caso, la única forma de “corregir” una respuesta tan extrema es aprender a reconocer los insectos dañinos de los no dañinos, algo que muchos programas (¡incluido este blog!) tratan de hacer.

Volviendo a la conservación de la biodiversidad, es esclarecedor y empoderador darse cuenta de que la simple acción de aprender puede conducir a un aumento en las acciones de conservación… Aprender cuándo hay una razón para mantenerse alejado de los insectos o no, conduce a una apreciación de su enorme diversidad y a un mayor compromiso con su protección. Algunas formas de hacerlo implican el uso de métodos de aprendizaje formales como cursos, libros o guías, pero también algunos más interactivos, como proyectos de ciencia ciudadana como inaturalist o proyectos específicos de grupos (por ejemplo, el atlas de luciérnagas).

Criar insectos en casa (como esta mariposa monarca) puede ser una experiencia divertida y educativa a través de la cual nuestro aprecio por los insectos puede crecer y nuestro miedo disminuir. Foto: Tim y Selena Middleton (CC).

Otra forma en que se desarrolla este miedo es a través del aprendizaje social. Como seres humanos, podemos aprender tanto a través de experiencias directas como de interacciones sociales. Y de hecho, estudios han demostrado que una gran parte de este establecimiento de miedo o asco en los seres humanos se aprende a través de interacciones interpersonales y no es innato. Por ejemplo, las personas han descubierto que antes de los 5 años, la mayoría de los niños no le tienen miedo o asco a la mayoría de los insectos o artrópodos, y que el nivel de miedo y disgusto que muestran los niños está correlacionado con el miedo que les tienen sus cuidadores. Esto es algo que vemos mucho en nuestro trabajo.

El Zoológico de Insectos de nuestro Departamento en UMD es una atracción de divulgación muy popular, como lo vemos cada año en el día de puertas abiertas de UMD «Día de Maryland«. En este evento, vemos una y otra vez cómo los niños no tienen miedo de acariciar insectos u otros artrópodos de forma controlada y con supervisión, mientras que sus padres gruñen y gritan en el fondo después de sólo verlos de lejos. Lidiar con este miedo aprendido es bastante complicado, porque requiere que los cuidadores se vuelvan más conscientes de cómo pueden reflejar sus miedos en los niños. Sin embargo, tratar de comprender y reconocer mejor a los insectos y su potencial (o no) de daño puede ayudar a romper este ciclo. Criar insectos como las mariposas con niños puede ser una gran experiencia positiva para todos, y puede suceder en casi cualquier casa. Participar en actividades de aprendizaje con los niños, como colonias de verano sobre entomología (¡UMD tiene una Colonia súper divertida!) es otra forma de restringir el establecimiento de este tipo de miedo.

Los zoológicos interactivos y otras exhibiciones que cuentan con insectos y otros artrópodos pueden ser una excelente manera de involucrar a niños y adultos en interacciones positivas y seguras con organismos a los que pueden temer. Foto: Departamento de Entomología de la UMD.

Por último, hay otra forma en que puede aparecer este miedo. Dijimos anteriormente que este tipo de miedo es más común en las sociedades urbanizadas. Se cree que una parte del miedo puede provenir de la falta de exposición a la biodiversidad. Con la urbanización, se ha eliminado el contacto con los entornos naturales, y las personas están cada vez menos expuestas a la vida silvestre. Cuando se ven insectos (a menudo adentro de la casa), los otros dos tipos de miedos pueden aparecer y unirse para, por un lado, desencadenar repulsión o miedo, y por otro, aumentar el asco a todos los espacios naturales, que podrían contener «bichos». La buena noticia es que incluso en los casos en los que hay pocos espacios naturales disponibles cerca de casa, hay muchas otras formas en que las personas pueden vivir experiencias positivas con los insectos. Visitar exhibiciones donde se presentan insectos es una de estas formas. Para aprender sobre muchas otras formas de hacerlo, consulte este otro muy buen artículo.


Dra. Anahí Espíndola – Profesora Asociada en el Departamento de Entomología de la Universidad de Maryland, College Park, USA. Hacer click aquí para leer otros posteos de Anahí.


Cuéntenos lo que piensa y ayúdenos a escribir artículos de su interés contestando estas pocas preguntas. ¡Muchísimas gracias!

Deja un comentario